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La actividad matemática en la época colonial cubana

febrero 13, 2015

Por: Carlos Sánchez Fernández y Concepción Valdés Castro (Facultad de Matemática y Computación, Universidad de La Habana, Cuba)

Tomado del artículo: “Bosquejo histórico de la actividad matemática en Cuba”

La actividad matemática en la época colonial La Real y Pontificia Universidad de San Cristóbal de La Habana se crea en 1728 siendo una de las primeras en Hispanoamérica. Aunque en la Facultad de Filosofía, siguiendo la costumbre escolástica, existía una cátedra de Matemática, esta no se cubriría por falta de aspirante hasta 1816. Motivado por el justo interés de incidencia social, se crea en 1787 la Sociedad Económica de Amigos del País, gestora de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales que se funda en 1861 y a la cual pertenecen insignes médicos y naturalistas criollos. El académico más cercano a la actividad matemática sería Don Isaac del Corral (1882-1946), un joven matancero que se hizo Ingeniero en Minas en la Escuela de Ingenieros de Madrid y se incorporó a la Academia a principios del siglo XX. (1)

El movimiento reformista en la segunda enseñanza comenzado en 1795 por el clérigo José Agustín Caballero (1762-1835), encuentra seguidores locuaces y enérgicos en el presbítero Félix Varela (1787-1853) y el maestro Don José de la Luz y Caballero (1800-1862). Por tanto, en el segundo tercio del siglo la enseñanza de la Matemática parece haber sido mejor en los Colegios de Segunda Enseñanza que en la misma Universidad. Se destacaban los colegios El Salvador, San Fernando y San Cristóbal en la capital, donde un notable grupo de educadores, cubanos y peninsulares, desenvolvió su actividad docente. Por ejemplo, encontramos que en el 1835, en el Colegio de San Cristóbal, se enseñaba Álgebra elemental y superior, Geometría, Trigonometría y Geodesia, Aplicaciones del Álgebra a la Geometría y Cálculo Diferencial e Integral. (TRELLES, 1918)

Un ejemplo de criollo cuya actividad matemática en sus primeros pasos, estuvo ligada a la enseñanza secundaria se da en el poco mencionado José María Villafañe (1830-1915). José María Villafañe y Viñals nació y se formó en Santiago de Cuba. Poco se sabe de cómo transcurrió su infancia y de los estudios que realizó durante su adolescencia y juventud hasta que el 9 de julio de 1849 se le expidió el título de Agrimensor en su ciudad natal. En 1858 el Gobernador Civil de la Isla de Cuba le nombró Profesor ayudante de la clase de Matemáticas de la Escuela General Preparatoria de Santiago de Cuba. Desempeñó sus funciones de educador “con los mejores resultados en la enseñanza y a satisfacción de la Dirección y Junta de Profesores” desde 1859 hasta enero de 1864. Por el momento no se dispone de otros datos referentes a esta institución, excepto del hecho de que fue suprimida en el año 1864, por lo que, desde el día 1 de julio del mismo año, Villafañe pasó a desempeñar la cátedra de Topografía, Agricultura teórico-práctica y Dibujo en la Escuela Profesional de Cuba que también estaba ubicada en Santiago de Cuba. Prestó sus servicios sucesivamente en ambos destinos como catedrático numerario durante 6 años 8 meses y 3 días, puesto que el 31 de julio de 1869 pasó a la situación de excedencia al suprimirse la Escuela Profesional. Villafañe era un ardiente partidario de la reforma autonomista y aparentemente por sus ideas, además de por su precaria situación laboral, tuvo que salir de Cuba a principios del 71.

Villafañe pudo regresar al servicio activo cuando fue nombrado, por Real Orden de 16 de noviembre de 1871, catedrático de Matemáticas del Instituto de segunda enseñanza de Huesca. Posteriormente, con más de 40 años, Villafañe obtuvo los títulos de Bachiller, Licenciado y Doctor. Trabajó en diferentes universidades españolas hasta que fue nombrado en 1891 catedrático de Análisis Matemático en la Universidad Central de Madrid y murió en 1915, con 84 años, siendo catedrático en la Universidad de Valencia. Los libros de Matemática que escribió Villafañe alcanzaron una difusión más que notable en su época ya que fueron utilizados como libros de texto en la enseñanza universitaria. No puede decirse que su obra matemática fuera original, aunque al examinarla se observa que Villafañe estaba en posesión de una vasta cultura matemática…(LLOMBART, J.; LORENZO, J. 2001) Con Villafañe mostramos un ejemplo de lo que el país perdió en la época de la colonia cuando no existían condiciones para el laboreo matemático.

No hay dudas de que en esta época de fomento de la economía en Cuba, tuvieran gran demanda los conocimientos aritméticos, ejemplo de ello es la profusión de ediciones de textos de Aritmética Comercial, que llegaron a ser récord en Hispanoamérica. Pero buscaríamos infructuosamente una referencia a la matemática en los estatutos para la Academia de Ciencias Médicas. Físicas y Naturales de la Habana, aprobados por la Reina Isabel II en 1860, así como en las actas de las sesiones de la Academia, que se sucedieron en todo el resto del siglo XIX.

En la segunda mitad del siglo, la Matemática y la Física estaban desguarnecidas de una actividad investigativa apreciable, teórica o aplicada, no obstante la actividad de unas pocas figuras de importancia para la docencia, ya fuera en los Colegios o en la Universidad de La Habana. Según se sabe, en 1863, por primera vez, se realizan oposiciones para ocupar la cátedra de Matemática de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias. El Licenciado Jesús Benigno Gálvez la obtiene con un ejercicio que versa sobre Análisis Infinitesimal.

En 1873 toma posesión como presidente de la Facultad de Filosofía Letras y Ciencias el insigne científico Felipe Poey y Aloy (1799-1891); enseguida se realizan importantes reformas institucionales, entre ellas, la cátedra de Matemática se divide en dos: la cátedra A de Álgebra Superior, donde ya se incluían rudimentos del Análisis Infinitesimal, y la cátedra B de Geometría y Trigonometría. Se pretendía elevar el nivel de las disciplinas para alcanzar al que en la Península se impartía, tómese en cuenta que además del título de Licenciado, la Corona había autorizado la expedición de títulos de Doctor, atribución que en la Metrópoli sólo poseía la Universidad Central de Madrid.

Si se estudia la situación de la Universidad colonial de La Habana, hay que decir que la misma, al igual que la del resto de las de América Latina, estaba en función de la oligarquía nacional; desvinculada del convulso panorama de la sociedad cubana y ajena a los verdaderos problemas que tenía el país; que sus enseñanzas estaban permeadas de lo europeo, no en el sentido del conocimiento científico, sino de un falso concepto que despreciaba lo autóctono por las modas intelectuales europeas y que su sistema de estudio, en su estructura, era esencialmente escolástico.

En el conjunto de la transformación revolucionaria que Martí se propuso, estaba presente la necesaria transformación de la Universidad en un centro científico, actualizado, dinámico y, por sobre todas las cosas, popular. Pero la temprana muerte del Maestro, el 19 de mayo de 1895, y la frustración de la revolución, por la hábil maniobra de parte de la oligarquía cubana y la intervención militar norteamericana, dieron al traste con esa posibilidad. La Universidad de La Habana seguiría siendo un centro docente al servicio de una oligarquía de proyecciones económicas, sociales y políticas antipopulares y antinacionales.

Notas:

1. Don Isaac del Corral se gradúa en 1906 de Ingeniero en Minas en la Universidad Central de Madrid y al llegar a la Isla se interesó como afición por resolver algunos problemas en teoría de probabilidades y ecuaciones de la física- matemática, que llegó a publicar por entonces. Isaac del Corral fue miembro de varias organizaciones científicas y, hasta donde conocemos, posee el mérito de algunos resultados originales; aunque parte de sus esfuerzos se pierde en el desarrollo de teorías semejantes a otras ya conocidas. 

Referencias utilizadas:

  • TRELLES C.M. (1918) Biblioteca Científica CubanaMatanzas.
  • LLOMBART PALET, J.; VICENTE, J.L. (2001) “De la Escuela General Preparatoria a la  Universidad Central”. Ciencias Matemáticas 19 (2), 120-132.
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